El Buen Samaritano SDB

5 mayo 2022

Queridos amigos del Boletín y de Don Bosco. Un rayo luminoso de esperanza rompe los sombríos pensamientos de este tiempo marcado por la pandemia y por tantas guerras, en particular la de Ucrania, que traen muerte, dolor y destrucción. Una buena noticia: la Iglesia universal reconoce oficialmente y certifica la santidad de un “salesiano del fin del mundo”, Artémides Zatti.

Nuestro queridísimo “santo” es una figura bellísima, la manifestación de la Santidad, vivida en la cotidianidad, simplicidad, servicio humilde y alegre, en particular a los enfermos. Ha encarnado el corazón de Don Bosco y la riqueza del carisma salesiano. En él se refleja el aspecto más humano y amoroso de la familia salesiana.

Estaba dotado de un corazón gentil que conocía el sufrimiento. Conocía bien lo que era la pobreza, inmigración, fragilidad y enfermedad. También conocía las dudas, decisiones difíciles, incluso aquella de permanecer con Don Bosco, viviendo plenamente su vocación original de salesiano, coadjutor como lo quería Don Bosco: testigo cercano a la gente, dedicado al servicio de enfermos y pobres.

Una vida humilde

Responsable del Hospital San José de Viedma, tejió el grupo de sus pacientes llegando, con su inseparable bicicleta, a todos los enfermos de la ciudad. Gestionaba dinero, pero su vida era muy pobre. Para el viaje a Italia por la canonización de Don Bosco le tuvieron que prestar vestido, sombrero y maleta.

Era querido y estimado por los enfermos, querido y estimado por los médicos que ponían en él la máxima confianza y se abandonaban a la influencia que brotaba de su santidad. “Cuando estoy con Zatti no puedo dejar de creer en Dios”, exclamó un día un médico que se había autoproclamado ateo. Porque para Zatti cualquier enfermo era el mismo Jesús. Cuando un día sus superiores le recomendaron no admitir más de 30 pacientes, se le escuchó comentar: “¿Y si el 31 fuera Jesucristo?”.

El ejemplo de Artémides como verdadero y cotidiano buen samaritano, misericordioso como el Padre, era una misión en un estilo que implicaba a todos aquellos que se dedicaban al hospital. Médicos, enfermeros, auxiliares, cuidadores, religiosas, voluntarios, que donaban su tiempo precioso al que sufre. Estaba atento para escuchar a los pacientes, sus historias, angustias, miedos. Sabía que también cuando no es posible superar la enfermedad, siempre se puede curar, consolar, hacer sentir una cercanía que demuestra preocupación por la persona frente a su enfermedad.

En todo y siempre era salesiano y salesiano “coadjutor”. Es decir, no sacerdote. La vocación del salesiano laico forma parte de la fisonomía que Don Bosco quiso dar a la congregación salesiana. A ellos, Don Bosco les dijo claramente: “Tengo necesidad de vosotros”.

Testimonio del Papa

El mismo papa Francisco experimentó la intercesión eficaz de Zatti, acerca de la vocación del laico consagrado, cuando era provincial de los jesuitas en Argentina. En una carta escribe: “En 1976, durante una visita canónica a los misioneros jesuitas del norte de Argentina, me detuve en algunos días en el arzobispado de Salta. Allí, entre un discurso y otro, al final de las comidas, el Arzobispo Pérez me habló de la vida del señor Zatti. Tuve incluso la oportunidad de leer el libro de su vida. Me impresionó el hecho de que fuera un coadjutor a todos los efectos. En aquel momento sentí que tenía que pedir al Señor, por intercesión del señor Zatti, que nos enviara vocaciones como coadjutores. Hice la novena, y pedí hacerla a las novicias”. Después continúa: ”Desde que iniciamos nuestras oraciones al señor Zatti, entraron en el instituto 23 Jóvenes hermanos Jesuitas que perseveran. Estoy convencido de su intercesión para este problema porque, considerando el número, es un caso raro en nuestra Orden. Repito que estoy convencido de su intercesión, porque sé cuánto le hemos rezado como intercesor”.

Un espléndido y autorizado aliento también para nosotros para pedir, por la intercesión de Artémides Zatti, el aumento de las buenas y santas vocaciones de Salesianos coadjutores.

Llamados a la santidad

En este año dedicado a San Francisco de Sales, defensor y promotor de la vocación a la santidad para todos, el ejemplo de Zatti nos recuerda, como afirma El Concilio Vaticano II: “Todos los fieles de cualquier estado y condición están llamados por el Señor, cada uno a su modo, a una santidad cuya perfección es la misma del Padre celeste”. Francisco de Sales, Don Bosco y Artémides hacen de la vida cotidiana una expresión del amor de Dios que es recibido y correspondido. Nuestros santos querían acercar la relación con Dios a la vida y la vida a la relación con Dios. Esta es la propuesta de la “santidad de la puerta de al lado” o de la “clase media de la santidad”, de la que el papa Francisco nos habla con tanto cariño.

La figura de Artémides Zatti es un estímulo y una inspiración para nosotros para convertirnos en signos y portadores del amor de Dios por los jóvenes y los pobres. Como he escrito en el Aguinaldo de este año: “También nosotros tenemos necesidad de desplegar el “carisma de la visitación” como deseo del corazón de anunciar, sin esperar que sean ellos los que vengan a nosotros, yendo a los espacios y lugares habitados por tantas personas para las cuales una palabra amable, un encuentro, una mirada llena de respeto, puede abrir sus horizontes hacia una vida mejor. Artémides Zatti ha sido un hombre de la Visitación, llevando a Jesús en su corazón, reconociéndolo y sirviéndolo, con alegría y generosidad, en sus hermanos enfermos y pobres. ¡Santo Artémides Zatti intercede por todos nosotros!

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