Esta fotografía —hoy amarillenta, con un desgaste en las esquinas del cartón de más de un siglo— muestra a un numeroso grupo de hombres reunidos en el exterior, bajo una sobria galería porticada con arcos de medio punto. Sobre una de las puertas, un pequeño cartel indica: «LIBRERÍA».
La escena transmite una serenidad extraña. Los hombres posan juntos ante la cámara: algunos sentados, otros de pie, todos con esa mezcla de seriedad y naturalidad tan propia de los retratos de la época. Podría parecer una imagen casi familiar, pero sabemos que fue tomada en un momento de profunda incertidumbre.
Nada en su vestimenta delata una condición religiosa. Llevan gorras, boinas, sombreros de ala ancha; chaquetas oscuras, batas, abrigos. Varios sostienen bastones, como cualquier grupo de trabajadores o campesinos de la Cataluña de principios del siglo XX. Solo la anotación manuscrita al pie de la imagen revela quiénes son realmente: «Salesianos disfrazados en la Semana Negra de Barcelona, 1909, España».
Quizá por eso decidieron retratarse juntos. No podemos saber con certeza qué motivó al fotógrafo ni reconstruir todos los detalles de aquel día, pero sí podemos contemplarla como el testimonio de un grupo que, en medio de circunstancias excepcionales, logró reunirse.
En la mitad del año 1909, Salesianos Sarrià afrontó uno de sus momentos más duros. La fotografía nos sitúa en los días convulsos de la Semana Trágica de Barcelona: incendios, ataques a edificios religiosos, violencia en las calles. Muchas personas vinculadas a instituciones de la Iglesia se encuentran en peligro, y las obras salesianas en Barcelona también sufrieron las consecuencias.
No es un simple retrato de grupo. Es la evidencia de cómo la comunidad salesiana de Sarriá se organizó para seguir presente y sostener la vida cotidiana en un momento difícil. La sotana y el hábito podrían desaparecer temporalmente de la vista, pero la comunidad seguía ahí. Detrás de aquellas ropas distintas estaban los mismos hombres, unidos por una historia compartida y una misión que no podían abandonar.
Más de un siglo después, es inevitable detenerse ante esta escena y preguntarse qué ocurrió antes y después del instante en que se accionó la cámara fotográfica. La inscripción manuscrita, con su caligrafía ya desgastada, conserva la clave de la historia. Gracias a ella sabemos que no estamos ante un retrato cualquiera. Y la imagen sigue hablándonos.
Nos recuerda que la misión salesiana también se ha construido en tiempos difíciles; que la educación nace de la presencia; que la esperanza, muchas veces, se sostiene en gestos discretos. En este caso, en la decisión de permanecer juntos, adaptarse a unas circunstancias adversas y seguir adelante.
Rescatar esta fotografía del archivo y devolverla a la luz es reconocer la historia silenciosa de quienes, sin protagonismo, mantuvieron viva la obra de Don Bosco en Barcelona. Es también una invitación a mirar el presente con esa misma confianza y compromiso.
Porque, más de un siglo después, esta imagen continúa ofreciendo una lectura actual. Su recuperación y difusión permiten reconocer la trayectoria de tantas comunidades salesianas que, a lo largo de la historia, han sostenido su misión en contextos complejos, guiadas por la fidelidad al carisma de Don Bosco y por su compromiso educativo con los jóvenes.
Una fotografía antigua, unos hombres disfrazados y una breve inscripción manuscrita. A veces, basta muy poco para que una imagen olvidada vuelva a contarnos una gran historia.
DATOS IMAGEN:
Original positivo fotográfico “albúmina” sobre soporte cartón
«Salesianos disfrazados en la Semana Negra de Barcelona, 1909, España».
ARCHIVO HISTÓRICO SALESIANOS SARRIÁ




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