Jóvenes, emociones y fe

5 mayo 2026

La religiosidad de los jóvenes en España ya no puede leerse con categorías del pasado. Como muestra el artículo que acompaña este número –centrado en el IX Foro Educativo del CES Don Bosco–, asistimos a un fenómeno más complejo: junto al descenso de la práctica religiosa institucional, emerge un renovado interés por la espiritualidad, especialmente entre los jóvenes. Parece que estamos ante una transformación profunda del modo de creer.

En una cultura secularizada, crece la presencia de lo religioso en el mundo juvenil, en redes sociales, en propuestas pastorales innovadoras y en experiencias comunitarias que interpelan a los jóvenes. Lejos de ser una moda superficial, este fenómeno revela una inquietud más honda: la búsqueda de sentido sigue viva. En nuestras propuestas, cuentan los responsables salesianos de pastoral, está aumentando el número de jóvenes participantes, por ejemplo. Como se subrayó en el encuentro mencionado, los jóvenes no rechazan necesariamente la fe, sino aquellas formas que perciben como lejanas o poco significativas.

En este contexto, es relevante la reciente nota de la Conferencia Episcopal Española, “Cor ad cor loquitur”. El documento ofrece una clave decisiva para interpretar el momento actual: el papel de las emociones en el acto de fe. Lejos de oponer razón y afectividad, la Iglesia recuerda que el corazón puede ser puerta de entrada a la fe, aunque no su fundamento último. La experiencia emocional, tan central en la vida de los jóvenes, no basta por sí sola, pero sí puede abrir al encuentro con Cristo cuando se integra en un camino más amplio de maduración.

Y es precisamente aquí donde la intuición salesiana se revela de plena actualidad. El propio foro destacaba la importancia de generar experiencias significativas –estéticas, comunitarias, solidarias– como primer acceso a lo trascendente. Don Bosco lo entendió con claridad: la educación es cosa del corazón. Antes de enseñar, hay que acoger; antes de proponer, hay que acompañar. En la tradición salesiana, el acompañamiento y la educación y evangelización a través del ambiente, partir de la experiencia y la vida de los propios jóvenes, han sido elementos clave para iniciar procesos, caminos de profundización en la respuesta cristiana.

Los jóvenes buscan autenticidad, relaciones verdaderas, espacios donde experimentar la fe de forma viva. Iniciativas como el voluntariado, los itinerarios de educación en la fe o incluso nuevas formas de presencia digital, muestran caminos posibles para una Iglesia que quiere seguir siendo significativa. El desafío no es menor: evitar tanto el reduccionismo emocional como una fe desencarnada, que no transforme la vida de las personas. Se trata de integrar la propia experiencia, formación y compromiso en procesos que respeten el ritmo de cada joven.

Porque, en el fondo, la gran constatación es esperanzadora: el corazón de los jóvenes sigue buscando. Y, es que, la educación y evangelización son, sobre todo, cosas del corazón, como nos enseñó Don Bosco. Y allí donde alguien se atreve a hablar de corazón a corazón, la fe encuentra todavía un lugar para nacer y crecer.

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