León XIV dirigió un mensaje a los jóvenes con motivo de la XLI Jornada Mundial de la Juventud, que se celebrará el 22 de noviembre de 2026 en las Iglesias locales y tendrá su encuentro internacional en Seúl, Corea del Sur, del 3 al 8 de agosto de 2027. Bajo el lema «Tengan valor: yo he vencido al mundo» (Jn 16,33), el Pontífice propuso una reflexión sobre la valentía cristiana como respuesta a los miedos, las incertidumbres y los desafíos que atraviesan las nuevas generaciones.
En su mensaje, el Santo Padre expresó su gratitud por el don que los jóvenes representan para la Iglesia y la sociedad. Reconoció en ellos el deseo de libertad, verdad y amor, así como la esperanza que el Espíritu Santo suscita en sus corazones y que puede convertirse en luz para los demás.
La valentía nace de la presencia de Cristo
León XIV reconoció que muchos jóvenes experimentan preocupación por el futuro, presión por alcanzar el éxito, dificultades para aceptar su identidad y sentimientos de soledad. También adviertió sobre la influencia de las redes sociales y de modelos artificiales que pueden generar comparaciones constantes y expectativas difíciles de alcanzar.
Ante estas realidades, el Papa recordó el encuentro de Jesús con sus discípulos en medio de las aguas agitadas y les transmitió una certeza: Cristo está cerca, incluso antes de que comiencen a buscarlo. La valentía cristiana, afirmó, no depende de las propias fuerzas, sino de la presencia del Señor, que acompaña a cada persona en las dificultades de la vida. El Pontífice subrayó que Cristo no promete una existencia libre de sufrimientos, pero asegura que ninguna oscuridad es más fuerte que su amor.
Una victoria que se construye desde el amor
En su mensaje el Papa profundizó en el significado de la victoria de Cristo sobre el mundo. León XIV explicó que esta no consiste en imponerse a los demás ni en demostrar continuamente el propio valor, sino en entregarse por amor. Desde esta perspectiva, invitó a los jóvenes a vivir una valentía comprometida con la vida, la verdad, la libertad y la justicia. Los exhortó a no huir de las dificultades del mundo, sino a afrontarlas con la mirada de Cristo, buscando la paz, practicando la amabilidad y manteniendo viva la esperanza.
El Papa recordó que la dignidad de cada persona no depende de la imagen que construye de sí misma, sino de haber sido creada a imagen de Dios y de ser conocida y amada por Él. Por ello, animó a los jóvenes a vivir con autenticidad, sin esconder sus fragilidades, dudas o límites.
La humildad y la solidaridad como caminos de crecimiento
León XIV presentó también la humildad como una forma de valentía. Frente a una mentalidad que impulsa a resolverlo todo individualmente, el Evangelio propone reconocer los propios límites, aceptar la ayuda de los demás y confiar la vida a Dios.
Abrirse a Cristo, señaló el Pontífice, permite descubrir la propia identidad y transformar las relaciones cotidianas. La fidelidad a los amigos, el respeto hacia quienes piensan diferente, la atención a las personas solas y la cercanía a los más débiles son expresiones concretas de un amor que transforma la vida. Asimismo, recordó que la paz de Cristo resucitado puede sanar las heridas, superar los resentimientos y ayudar a reconciliar a las personas y comunidades.
Preparar el corazón para el encuentro en Seúl
De cara a la Jornada Mundial de la Juventud en Seúl, el Papa invitó a los jóvenes a prepararse no solamente para el viaje, sino también interiormente, mediante un encuentro auténtico con Jesucristo. Los animó a llevar ante Él sus preguntas, sufrimientos y esperanzas, así como las heridas de sus sociedades y los desafíos que enfrentan sus países. También los invitó a escuchar el grito de la tierra y de los pobres, siguiendo la enseñanza del papa Francisco.
Al concluir su mensaje, León XIV hizo suyas las palabras de san Juan Pablo II: «¡No temáis! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo!». El Santo Padre expresó su deseo de encontrarse con los jóvenes en Seúl y les recordó que Cristo ya ha salido a su encuentro. Su invitación final fue a confiar en la promesa del Señor y dejarse transformar por su amor.
La verdadera valentía cristiana, concluyó el mensaje, consiste en confiar en Cristo y permitir que su amor transforme la vida personal y comunitaria, para contribuir a la construcción de un mundo más justo, fraterno y lleno de esperanza.











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