ACTUALIDAD SALESIANA
¿Sinodalidad? ¿Desde cuándo? ¿Para qué y por qué?

31 diciembre 2021

Hablando el otro día a jóvenes y adultos que se preparan para recibir el sacramento de la confirmación (¡son unos 80 en nuestra diócesis de Rabat, en el Marruecos musulmán!), les presenté la realidad del Sínodo Diocesano que está en marcha, su naturaleza, sus objetivos y su metodología.

Una de las confirmandas me hizo una pregunta: “¿Cuándo ha empezado esto de los sínodos? Porque parece una cosa nueva…”

Y tuve la oportunidad de explicarle que no, que no es una cosa nueva, que viene de muy lejos, que durante los primeros siglos los sínodos eran muy frecuentes a todos los niveles: locales, diocesanos, regionales, casi continentales, etc. Y que la sinodalidad se vivía también en los Concilios, algunos de los cuales eran ecuménicos, etc.

En resumen: que la sinodalidad era una nota o característica de la Iglesia, la cual es Pueblo de Dios cuyos miembros peregrinan, marchan o caminan juntos, y que ésta era la forma de ser y de manejarse de la Iglesia. Claro, también tuve que reconocer que hubo tiempo (siglos) en que todo eso cayó en desuso, tiempo en que en la Iglesia lo clerical primó sobre lo laical, y lo jerárquico sobre lo comunitario. Fue para mí la ocasión también de hablarles del que califiqué como el acontecimiento eclesial más importante del siglo XX, el Concilio Vaticano II, tenido entre 1962 y 1965 (“¡mis padres no habían nacido todavía…”, comentó uno por lo bajini)

Y es que lo que para algunos, como yo, es un “ayer cercano”, para las generaciones actuales es un pasado prehistórico (y sí, de hecho forma parte de “su prehistoria”).

En este punto me viene a la mente la enseñanza de Jesús sobre el Reino: “Todo maestro de la Ley que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos se parece a un padre de familia que, de sus reservas, va sacando cosas nuevas y cosas antiguas” (Mt 13, 52)

Y es que resulta que, tratándose del Evangelio, que ya va teniendo años, toda cosa antigua sigue siendo muy nueva e incluso novedosa. Y resulta también que cuando descubrimos novedades en los mensajes del Papa Francisco y en sus documentos, como también en el ‘reciente’ Concilio Vaticano II, estamos sacando del arcón, sin darnos cuenta, cosas tan antiguas como el Evangelio mismo.

Sinodalidad: tan antigua y tan nueva; tan novedosa en nuestros días y tan antigua en la propuesta.

Sinodalidad: tan relativamente fácil de explicar (¡hacer camino juntos, crecer en comunión misionera!) y tan relativamente difícil de practicar. Porque no se trata de entender un concepto o de aprender una lección, sino de hacer experiencia de caminar juntos, de cambiar de estilo de vida, de convertirnos, de reorganizarnos como comunidades cristianas cambiando el centro de gravedad y los puntos de referencia.

Esto no es fácil porque es más cómodo y menos complicado seguir como hasta ahora; es más fácil ser cliente pasivo y ocasional que ser protagonista participante activo y comprometido; es más fácil que los curas lo hagan todo que exigirles que respeten el rol y la responsabilidad de los laicos; es más fácil conducir el rebaño autoritariamente y en exclusiva que acompañarlo en equipo y en actitud de animación respetuosa y creativa, sabiendo que “conviene que yo disminuya para que él crezca”. Es más fácil ordenar –uno- y obedecer –los otros- que discernir, decidir y trabajar todos en comunión.

Por eso es muy importante y oportuno que la “vieja y novedosa sinodalidad”, propuesta e impulsada por el Papa, sea redescubierta por todos; sí, que venga la sinodalidad a sacarnos de nuestra modorra, de nuestro letargo, de nuestro adormecimiento, que nos despierte, nos alegre e incluso nos entusiasme; que nos implique, nos haga participar, rezar, compartir, hablar, y más todavía escuchar…

Mejor: que no venga la sinodalidad.., sino que la traigamos puesta cada uno en nuestra mente y en nuestro corazón. Toca arremangarse y escribir con caracteres capitales y letras mayúsculas, con más sangre que tinta, con más hechos que dichos, las tres palabras de las que viene preñada la sinodalidad: COMUNION, PARTICIPACIÓN, MISION.

Ahí está todo. Lo dicho: a arremangarse. Año nuevo, sinodalidad nueva.

­+Cristóbal López, sdb

                                                                                     Arzobispo de Rabat

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