La situación en Min Gun, en la región de Sagaing (Myanmar), continúa siendo crítica semanas después del terremoto de magnitud 7,7 que sacudió la zona. Lo que en un primer momento fue una respuesta urgente se ha convertido hoy en un desafío sostenido: acompañar a miles de personas que siguen intentando reconstruir su vida en un contexto de gran inestabilidad.
Actualmente, entre 4.000 y 5.000 personas —alrededor de 1.600 familias— viven en un campamento improvisado cerca de un monasterio budista. Sus hogares fueron destruidos por el terremoto y, desde entonces, sobreviven en pequeñas chozas, sin acceso adecuado a servicios básicos. La situación se agrava por el contexto político, que dificulta el acceso a recursos y limita la llegada de ayuda humanitaria.
“Cada día es una lucha por sobrevivir”, comparten los Salesianos en Myanmar, que acompañan de cerca a la comunidad. Los trabajos son escasos, y aunque algunos jóvenes intentan salir a trabajar para mantener a sus familias, la inestabilidad política imperante hace que esto sea difícil y peligroso.
En este contexto, la respuesta de la Familia Salesiana —coordinada por Don Bosco Network y con la participación de Bosco Global— sigue siendo clave. Gracias también a la campaña de emergencia y recaudación impulsada por Bosco Global el pasado año, hoy es posible seguir sosteniendo, junto a otras ONGD salesianas, el proyecto de atención a las familias que viven en los campamentos.Gracias a este trabajo en red, se están desarrollando acciones para atender a la población damnificada:
- Distribución de alimentos básicos como arroz, legumbres, aceite y fideos.
- Atención sanitaria, especialmente para niños, niñas y personas mayores, con apoyo a personal sanitario dentro del campamento.
- Espacios educativos para más de 500 niños y niñas, con 13 docentes implicados.
- Entrega de juguetes y acompañamiento emocional a más de 400 menores de 7 años, favoreciendo su recuperación tras el trauma.
Sin embargo, el paso del tiempo ha reducido la llegada de ayuda. Mientras que en los primeros días tras el terremoto hubo una fuerte movilización, hoy el acceso al campamento es más difícil y cada vez menos organizaciones pueden intervenir debido a las restricciones y riesgos en la zona.
A pesar de las dificultades, la presencia salesiana continúa acompañando de cerca a la población del campamento, en coordinación con las personas responsables locales y siguiendo los protocolos necesarios para poder acceder a la zona.
Desde Bosco Global seguimos acompañando este proceso junto a la Don Bosco Network, haciendo posible este apoyo gracias al compromiso de tantas personas que se movilizaron en la emergencia, convencidos de que en contextos de emergencia humanitaria es esencial sostener la vida y acompañar a quienes más lo necesitan.











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