Líbano: estudiar, acoger y cuidar la vida en medio de la guerra

16 abril 2026

Comunicación BoscoGlobal

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Mientras la guerra sigue golpeando a la población en Líbano, las obras salesianas continúan siendo refugio, escuela y apoyo para niños, niñas, jóvenes y familias desplazadas. Sus testimonios muestran cómo sostener la educación y la acogida es también una forma de proteger la vida en medio del conflicto.

La guerra en Líbano sigue dejando miedo, desplazamiento e incertidumbre en la vida de miles de familias. En medio de esta realidad, las obras salesianas continúan acompañando a niños, niñas, jóvenes y familias con espacios de acogida, ayuda básica y apoyo educativo.

En Beirut, el colegio Angels of Peace acompaña a infancia y adolescencia refugiada que intenta seguir estudiando mientras la guerra altera por completo su vida cotidiana. Sus testimonios hablan de noches sin descanso, miedo constante y dificultades para mantener la concentración o seguir las clases con normalidad. Uno de los chicos lo expresa así: “Apenas puedo dormir por la noche, especialmente durante las sirenas.”

Otra joven pone palabras al temor de ver cómo la guerra amenaza también su futuro: “A veces temo que todos mis esfuerzos se pierdan debido a la inestabilidad y a las amenazas constantes.” A ese desgaste emocional se suman problemas muy concretos, como la mala conexión a internet o la falta de un entorno adecuado para estudiar, algo que dificulta aún más la continuidad educativa.

La guerra no solo dificulta el descanso o la estabilidad emocional, sino que también rompe las rutinas más básicas y llena de ansiedad los días de quienes tratan de seguir adelante. Otra de las jóvenes describe esa sensación de inseguridad permanente que se ha instalado en su vida: “Vivimos cada día con algo de ansiedad y miedo, y nos preguntamos qué podría pasar después.” Incluso cuando las clases continúan en formato online, el ruido de las explosiones cercanas y los problemas de conexión hacen más difícil mantener la concentración y el estudio.

A pesar de todo, la educación sigue siendo un refugio. No solo porque permite continuar aprendiendo, sino porque sostiene una rutina, un vínculo y una esperanza. Una docente de Angels of Peace lo explica así: “para estos niños, esta aula digital ya no es solo un lugar de aprendizaje: es el único refugio que les queda.”

Su testimonio muestra también cómo la misión educativa cambia de sentido en medio de la guerra. Las clases son, ante todo, una forma de cuidar, de acompañar y de proteger la infancia en medio de la guerra. Como ella misma comparte, el profesorado intenta seguir presente “no solo para enseñar, sino para demostrar a nuestros niños que no han sido olvidados”.

 

 

En Fidar, en el Don Bosco Technical School, en Fidar, aunque los bombardeos no caigan tan cerca como en otras zonas, el conflicto sigue entrando en las casas, en los cuerpos y en la memoria. Una trabajadora resume con claridad la tensión que atraviesan tantas familias: “Vivimos un conflicto interno constante entre nuestro sentido de humanidad y nuestro miedo a lo que pueda ocurrir después.”

En medio de esta realidad, muchas familias están respondiendo desde la solidaridad. A pesar de las dificultades económicas y de las heridas que otros conflictos dejaron en su memoria, han vuelto a abrir sus puertas para acoger a personas desplazadas y ofrecerles un espacio de cuidado, compañía y apoyo.

Una profesora del DBT explica que la incertidumbre constante afecta también físicamente, con ansiedad, dolor y agotamiento, mientras los docentes intentan seguir siendo apoyo emocional, referentes y presencia estable para su alumnado. Continúan esforzándose por transmitir esperanza y recordar a sus estudiantes —y a sí mismos— “que aún hay luz a la que merece la pena aferrarse”.

En el centro Don Bosco de El Houssounla acogida continúa siendo una prioridad. Allí, 116 personas —muchas de ellas familias con niños y niñas— permanecen acogidas tras haber tenido que huir de los bombardeos. Las aulas del centro se han adaptado como espacios de refugio con colchones, mantas y ayuda básica, mientras la comunidad salesiana sostiene en el día a día la distribución de alimentos, el acompañamiento y actividades educativas y recreativas que ayudan a mantener cierta normalidad en medio de la incertidumbre.

Hoy, cuando la guerra amenaza con arrebatar seguridad, hogar y futuro, las presencias salesianas en Líbano siguen acogiendo, cuidando y sosteniendo la vida, para que niños, niñas, jóvenes y familias no se sientan solos en medio de la violencia.

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