Llegó cargando a su bebé de 8 días en sus brazos—envuelto no en la ropa que había preparado con tanto cariño para él, sino en lo que pudo reunir en el caos de la huida. Solo unos días antes, su hogar había estado lleno de expectación. Después de ocho niñas en la gran familia, finalmente había dado a luz a un niño. Cada detalle había sido cuidadosamente preparado: bandejas de dulces listas para dar la bienvenida a los invitados, comida preparada para los visitantes que vendrían a ofrecer bendiciones, y diminutas prendas que ella misma había confeccionado con paciencia y precisión—cada puntada un reflejo de su alegría, su orgullo y su amor.
Entonces, en un momento, todo quedó atrás. “Ni siquiera pude vestirlo con la ropa que hice para él,” compartió, con la voz cargada de dolor. “Dejé todos los dulces, todos los preparativos… todo lo que había soñado para sus primeros días. Dejé mi hogar con las manos vacías.”
La familia llegó desplazada a El Houssoun, cargando no solo pérdida, sino una preocupación urgente. Su hijo recién nacido necesitaba someterse a la circuncisión—una práctica religiosa y cultural profundamente significativa, tan importante para su identidad cultural y religiosa. Retrasar este momento podía suponer riesgos para su salud.
Sin embargo, en la zona donde buscaron refugio, la ayuda parecía fuera de alcance. Los hospitales no los aceptaban, y muchos no estaban familiarizados o no estaban dispuestos a realizar el procedimiento. La familia se enfrentó a rechazo tras rechazo, con su ansiedad creciendo con cada día que pasaba. Ya cargados por el desplazamiento, ahora se enfrentaban al miedo de no poder proteger a su hijo.
Ante esta situación, los salesianos, mediante esfuerzos persistentes, coordinación y muchas llamadas urgentes buscaron una solución. Finalmente, pudieron contactar con un cirujano pediátrico que, conmovido por la situación, accedió a realizar el procedimiento de forma gratuita. Para una familia a la que en otros lugares se le había pedido pagar entre 500 y 800 dólares—una suma imposible de asumir para ellos—este acto de generosidad devolvió algo que pensaban haber perdido: la esperanza.
Los salesianos del Líbano se aseguraron de que la familia pudiera acceder al hospital de forma segura, cubriendo el transporte y proporcionando seguimiento y medicamentos esenciales. El procedimiento fue exitoso. Pero más allá de la intervención médica, algo más profundo fue restaurado. Un momento que había sido arrebatado por el desplazamiento fue, en parte, devuelto.
Hoy, el bebé está sano y se recupera bien. Su madre continúa vigilándolo con alivio en lugar de miedo. Y aunque puede que nunca recupere el hogar que dejó atrás, ni la celebración que había preparado con tanto amor, se aferra a lo que más importa: su hijo está a salvo. Y su historia, aunque marcada por la pérdida, continúa con dignidad, cuidado y esperanza.
Sigue abierta la posibilidad de colaboración a través de BoscoGlobal y Misiones Salesianas













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