Un testigo salesiano en el apocalipsis de Beirut

6 agosto 2020

ANS

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Tras la catastrófica explosión en el puerto de Beirut de este martes pasado, los Salesianos del país libanés expresan al mundo su petición de ayuda en una situación que agrava la crisis política, económica y social que allí se vive.

El Líbano, país ya consternado desde hace varios meses por una gravísima crisis socio-política y económico-financiera, agravada posteriormente por la pandemia de la COVID-19, sufrió, este martes 4 de agosto, una enorme catástrofe, con la explosión de 2.500 toneladas de nitrato amónico depositado incautamente en un depósito del puerto de Beirut, después de haber sido requisado tiempo atrás a un buque de carga.

Los salesianos presentes en el país con dos obras –Al Fidar, en la costa y El Housson, en una montaña en el interior, ambas a unos treinta kilómetros de Beirut- no tuvieron víctimas ni daños directos, pero sufren con toda la población por la enésima catástrofe que golpea a la población.

La explosión en Beirut causó al menos 137 muertos y unos 5.000 heridos. La onda expansiva se extendió más de 10 kilómetros destruyendo o dañando gravemente hospitales, lugares de culto, edificios públicos y habitaciones privadas, además de las naves que estaban en el puerto o ensenada. Se estima que unas 300.000 personas hayan perdido la casa y los daños materiales se calculan en miles de millones de euros.

Uno de los hijos de Don Bosco presente en el país libanés declaró: “Si bien hasta ahora no resultan víctimas salesianas entre nuestros conocidos, lamentamos los heridos y los daños más o menos importantes en muchas casas de familiares y amigos. La casa familiar del hermano libanés, Dany El-Hayek, sufrió graves daños, pero, por fortuna, sus padres se encontraban en la montaña», dijo.

El salesiano añadió que «los refugiados sirios e iraquíes residentes en Beirut y de quienes nos ocupamos, nos señalan no solamente daños materiales en sus habitaciones, sino particularmente el choque psicológico sufrido por ellos y sus hijos. Ellos partieron de su país para huir de la guerra, ahora se encuentran en un país en crisis y en situación de gravísimo malestar”.

El Líbano, de hecho, no logra ocuparse ni siquiera de sus ciudadanos y ahora se encuentra de repente con la capital devastada, después de 30 años de lenta y fatigosa reconstrucción tras la guerra civil. Las autoridades civiles y religiosas del país están haciendo llamados al mundo entero. “El Líbano merece de sus hermanos y amigos el apoyo necesario para reconstruir su capital”, declaró en un comunicado el patriarca maronita del Líbano, Bechara Boutros Rai.

La crisis, ya grave, se vuelve absolutamente insostenible y las consecuencias no se pueden prever, o si preferimos, se puede prever que serán peores.

En esta situación los Salesianos intentan contribuir ofreciendo una mirada de esperanza y haciendo un llamado a la solidaridad internacional: “Si muchos elevan un grito de desesperación y rabia por la inconsciencia de demasiados políticos y funcionarios, entre las cuales están las autoridades del puerto de Beirut, a las que se atribuye la responsabilidad de la catástrofe del martes, nosotros lanzamos un grito de esperanza, mirando especialmente a los jóvenes libaneses, llenos de recursos y espíritu de iniciativa. Nos sentimos cercanos a ellos y preocupados de su futuro. Solicitamos ayuda, sea para ellos o para los refugiados sirios e iraquíes de quienes nos ocupamos», concluyó el salesiano libanés.

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