La Fundación Don Bosco ha celebrado en Málaga su XXVII Encuentro Anual, una cita ya consolidada como espacio de reflexión, formación y comunión en torno a la misión educativa y social que desarrolla la entidad en distintos territorios. En esta ocasión, cerca de cien personas vinculadas a la Fundación —provenientes de Andalucía, Extremadura y Canarias— se han reunido en la Casa Diocesana de Málaga para compartir dos días de escucha, análisis y esperanza bajo un mismo horizonte: acompañar, transformar y construir esperanza. Dos jornadas de reflexión, oración y compromiso compartido que han puesto en el centro a la juventud, las realidades de fragilidad y la misión salesiana de estar cerca de quienes más lo necesitan.
El encuentro comenzó con una acogida fraterna, saludos iniciales y un café compartido que sirvió como primera oportunidad para reencontrarse, reconocerse y tejer comunidad. A partir de ahí, la oración inicial, dinamizada por Javi Guil en torno a la idea de «Gente de misión resucitada», y los Buenos Días del salesiano Tomás Sánchez, director de la Casa Salesiana de Málaga, marcaron el tono de unas jornadas vividas desde la cercanía, la fe y el compromiso.
A lo largo de las diferentes intervenciones, el Encuentro Anual fue construyendo un relato común centrado en la realidad de los jóvenes y en los desafíos sociales que interpela la labor de la Fundación Don Bosco. Ignacio Vázquez de la Torre, director general de la entidad, recordó la importancia de mantener viva «la opción preferencial por los pobres en nuestra vida», una afirmación que resume la vocación de servicio que inspira la acción diaria de la organización.
En otro de los momentos destacados, Marina Sánchez Sierra, de Cáritas España, ofreció una mirada de fondo sobre la realidad juvenil a partir del Informe FOESSA 2025 con la ponencia «Cuando los datos hablan de vidas: retos juveniles desde el Informe FOESSA 2025». Su intervención ayudó a leer los números no como una estadística fría, sino como el reflejo de trayectorias vitales marcadas por la desigualdad, la incertidumbre y la necesidad de respuestas más humanas y más justas.
Formación y testimonios
La primera sesión de la tarde profundizó en una cuestión especialmente sensible: la salud mental y el trabajo comunitario. Alejandro Ruiz Morillas, técnico de integración social, y María del Mar Ramos Arjona, psicóloga, ambos de la Asociación Arrabal-AID, compartieron la ponencia «Salud mental, desinstitucionalización y trabajo comunitario desde los pisos de acogida». Su intervención puso sobre la mesa la importancia del acompañamiento cercano, de la atención integral y de la construcción de entornos protectores capaces de ofrecer oportunidades reales de recuperación e inclusión.
La segunda parte de la tarde dejó también uno de los testimonios más humanos del encuentro. Bajo el título «Nos gusta mucho la calle, pero no vivir en ella», José Luis Aguirre, salesiano, y Ester Muñoz, directora del Área de Acción Social y Educativa de la Fundación Don Bosco, presentaron la experiencia de Pepelu, cuyo recorrido vital y profesional con jóvenes en situación de sinhogarismo conmovió a los asistentes. Actualmente trabajando en Tenerife con chicos de la calle, Pepelu compartió una trayectoria marcada por la cercanía con los últimos y por una opción clara de vida al lado de quienes más vulnerabilidad sufren.
Hablando de “sinhogarismo”
La mesa redonda dedicada a los jóvenes en situación de sinhogarismo reforzó esa línea de reflexión. Con el mismo título, «Nos gusta mucho la calle, pero no vivir en ella», el encuentro ofreció un espacio para pensar colectivamente en las respuestas que requiere una realidad compleja y urgente. Más allá del diagnóstico, las voces participantes insistieron en la necesidad de generar respuestas comunitarias, educativas y humanas que devuelvan dignidad, estabilidad y futuro. Pero sin duda, los momentos más emotivos llegaron de la mano de Claudia y Stanley, dos jóvenes en situación de sinhogarismo atendidos por la Fundación Don Bosco en Córdoba y Málaga respectivamente, cuyos testimonios de vida y resiliencia emocionaron profundamente a toda la asamblea. Sus palabras, cargadas de verdad y valentía, recordaron a todos los presentes por qué merece la pena seguir luchando.
«No dejéis de creer en nosotros.
A pesar de nuestras circunstancias y exigencias,
necesitamos de vosotros.»
Una llamada directa al corazón de la misión de la Fundación Don Bosco: estar presentes, creer en cada joven y no abandonar a nadie en el camino.
La mision salesiana en contextos de fragilidad
El segundo día del encuentro continuó profundizando en la misión salesiana desde una mirada esperanzada. Tras la oración y los Buenos Días de Luis Fernando Medina, José Luis Navarro, Vicario de la Inspectoría Salesiana María Auxiliadora y Presidente de la Fundación Don Bosco, abrió la jornada con la ponencia «Acompañar con esperanza: la misión salesiana en contextos de fragilidad». Una intervención que invitó a reflexionar sobre la presencia salesiana allí donde la fragilidad social exige más escucha, más cuidado y más fidelidad al carisma.
En la segunda parte de la jornada, Santiago Portas, Director Nacional de Segmento en Banco Sabadell de Instituciones Religiosas y entidades del tercer sector, presentó «Hacia un liderazgo evangélico». Su ponencia abordó qué significa liderar desde los valores del Evangelio, poniendo en el centro a la persona, el servicio, la coherencia y el compromiso con la misión compartida. Una llamada a ejercer un liderazgo que no busque protagonismos, sino que se traduzca en entrega, responsabilidad y cuidado de la comunidad.
El XXVII Encuentro Anual de la Fundación Don Bosco cerró sus jornadas de la manera más significativa: con la celebración de la Eucaristía presidida por Mons. D. José Antonio Satué Huerto, Obispo de Málaga. Un momento de gratitud, de comunión y de renovación del compromiso compartido que puso el broche final a dos días intensos, llenos de sentido y esperanza. Tras la comida fraterna, todas las personas participantes regresaron a sus localidades llevando consigo lo mejor del encuentro: la energía, la inspiración y la determinación para seguir haciendo realidad el sueño de Don Bosco en favor de los jóvenes más vulnerables.
Porque cada encuentro es una oportunidad para dejar huella en las personas, en la sociedad y en el mundo. Y en esa huella, la Fundación Don Bosco sigue eligiendo caminar junto a los jóvenes, especialmente los más vulnerables, con una convicción clara: acompañar, transformar y construir esperanza.











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