Shindar tenía 11 años y trabajaba en una fábrica de ladrillos en el sur de India para pagar una deuda familiar. Vivía en la propia fábrica, sólo descansaba medio día a la semana y no iba a la escuela. Su infancia transcurría entre barro, jornadas interminables y una manta en un rincón para dormir. Hoy, gracias al acompañamiento de los misioneros salesianos, ha vuelto al colegio y puede recuperar algo que nunca debería haber perdido: ser niño.
Como Shindar, millones de niños y niñas en el mundo trabajan cuando deberían estar aprendiendo, jugando y creciendo en entornos seguros. En el Día Mundial contra el Trabajo Infantil (12 de junio), Misiones Salesianas recuerda que casi 138 millones de menores son obligados a trabajar, según las últimas estimaciones de organismos internacionales. De ellos, 54 millones realizan trabajos peligrosos para su salud, su seguridad o su desarrollo.
¿Estudias o trabajas?
La pregunta que da título al vídeo de sensibilización de Misiones Salesianas, ¿Estudias o trabajas?, resume una realidad que nunca debería formar parte de la infancia. Ningún menor debería tener que elegir entre llevar una mochila al colegio o cargar mercancías, fabricar ladrillos, vender en la calle, trabajar en el campo, en una mina o en una casa ajena.
“Cuando un niño trabaja, no sólo pierde horas de clase: pierde confianza, juego, salud, vínculos y futuro. Por eso, para Misiones Salesianas la respuesta empieza siempre por estar cerca, proteger y abrir caminos reales a través de la educación”, afirma Luis Manuel Moral, director de la entidad salesiana. “La escuela no es sólo un aula; es el lugar donde un niño vuelve a sentirse niño y puede empezar a soñar con algo más que sobrevivir cada día”, añade.
Los misioneros salesianos trabajan en 138 países con programas que salen al encuentro de menores en situación de explotación para ofrecerles espacios seguros, alimentación, acompañamiento, actividades educativas, formación, apoyo familiar y reintegración escolar.
Desde Misiones Salesianas reclaman un compromiso firme de gobiernos, instituciones, empresas y sociedad para proteger a la infancia y garantizar educación de calidad, trabajo digno para las familias y entornos seguros. Porque la respuesta debe ser siempre la misma: todos los niños y niñas tienen derecho a estudiar, jugar, sentirse protegidos y vivir su infancia.











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