No acostumbrarse al drama migratorio
Tras escuchar los testimonios desgarradores de quienes sufrieron hasta llegar aquí y fueron ayudados por entidades caritativas y asistenciales, el papa León XIV apeló a una Europa que «no puede acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas». Invitó a toda la sociedad a realizar un «examen de conciencia» ante el drama que viven las personas migrantes, que llegan «heridas, despojadas de casi todo, pero nunca de su dignidad», pues «no son números ni expedientes». Y recordó que «la dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera».
Así, espoleó a las autoridades de los países de origen a crear «condiciones de paz, justicia y desarrollo»; a las naciones de tránsito a «proteger y no dejar a los débiles en manos de redes criminales»; y, a toda la comunidad internacional, a «una cooperación eficaz y perseverante». Desde Arguineguín, el pontífice apeló a la responsabilidad de autoridades, gobiernos, parlamentos, a las iglesias y «a todos los hombres y mujeres de buena voluntad» a escuchar la voz de quienes viven estas situaciones por buscar una vida digna.
El papa denunció también a las organizaciones que «trafican con la desesperación», a quienes explotan mujeres y niños o convierten el sufrimiento ajeno en negocio y advirtió contra las falsas promesas de quienes ofrecen «paraísos fáciles» a personas vulnerables. Y lanzó a todos esta pregunta: «¿Qué mundo hemos construido, si tantos hermanos nuestros tienen que arriesgar la muerte para buscar la vida?». Y exigió «vías legales y seguras, rescate y asistencia, cooperación contra los traficantes».











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