El Campobosco 2026 (#CPB26) ya ha llegado a tierras italianas. Tras dejar atrás Barcelona, los jóvenes comenzaron a recorrer los lugares que conservan la memoria de los primeros años de Don Bosco, aquellos rincones sencillos donde germinó un sueño que, casi dos siglos después, continúa transformando vidas en todo el mundo. La mañana estuvo dedicada a descubrir en profundidad el Colle Don Bosco, la casa de Don Bosco, la casa de José y a celebrar la Eucaristía en este entorno cargado de historia y espiritualidad salesiana.
I Becchi: La semilla del sueño de Don Bosco
La jornada comenzó en la cripta con la oración de la mañana. El canto inicial invitó a los participantes a “dejarse hacer”, a abrir el corazón y disponerse a vivir una experiencia que iba mucho más allá de una simple visita turística. Era el momento de acercarse a las raíces.
Durante la reflexión, Rubén Ponce, SDB, recordó a los jóvenes que llevarían consigo tierra de I Becchi como símbolo de ese origen carismático del que todos forman parte. Una tierra que habla de sueños, de fe sencilla y de esperanza; una tierra que necesita seguir siendo regada y cuidada para que continúe dando fruto. También les animó a “descalzarse” interiormente al entrar en este lugar sagrado, donde Don Bosco creció rodeado del amor y la fortaleza de Mamá Margarita, aprendiendo a descubrir la presencia de Dios en la vida cotidiana.
A lo largo de la mañana, los grupos recorrieron algunos de los espacios más significativos de la infancia y juventud del santo de los jóvenes:
- La pequeña casa donde vivió desde los dos hasta los doce años.
● La Basílica de Don Bosco, construida en el lugar donde se encontraba la finca Biglione, en la que trabajó su padre.
● El Santuario de María Auxiliadora, ejemplo del estilo neogótico piamontés.
● La casa de José, hermano de Don Bosco, con su capilla dedicada a la Virgen del Rosario y el museo de la vida campesina.
● El monumento a Juanito Prestidigitador.
● El Prado y la Ermita del sueño de los nueve años.
● El Monumento a Mamá Margarita.
En cada rincón parecía resonar la historia de aquel muchacho campesino que soñó con cambiar el mundo de los jóvenes. Cada piedra, cada camino y cada paisaje ayudaban a comprender mejor cómo nació el carisma salesiano y por qué sigue siendo una propuesta viva para tantos jóvenes hoy.
La mañana concluyó con la celebración simultánea de cuatro Eucaristías, una por cada inspectoría. Fue un momento de acción de gracias por todo lo vivido, por el regalo de la fe y por el privilegio de encontrarse en el mismo lugar donde comenzó una historia que continúa escribiéndose generación tras generación.
Celebrando la reconciliación y la luz de Jesús
Tras la intensa mañana y la comida, los participantes disfrutaron de un tiempo de encuentro por grupos antes de reunirse en la Basílica de Don Bosco para celebrar la Celebración de la Reconciliación.
La celebración estuvo presidida por el salesiano Sergio Huerta, delegado de pastoral de la Inspectoría Santiago el Mayor, quien recordó a los jóvenes que acoger el perdón de Dios significa abrirse a su misericordia. Una misericordia que sana, libera y conduce a una alegría profunda, de esas que permanecen en el corazón mucho tiempo después de que terminen los grandes acontecimientos.
El día concluyó con la Vigilia de la Luz, uno de esos momentos que dejan huella en la memoria. En el silencio de la noche y bajo la mirada de Jesús, Luz del mundo, los jóvenes fueron invitados a dejarse iluminar por Él. Así, en la misma tierra donde nació el sueño de Don Bosco, cada participante pudo volver a escuchar una llamada que sigue resonando hoy: mantener viva la llama de la fe y llevar esperanza allí donde más se necesita.
“Vosotros no sabéis apreciar la suerte de estar acogidos en el oratorio. Os aseguro, delante de Dios, que basta que un joven entre en una casa salesiana para que la Santísima Virgen lo tome en seguida bajo su especial protección”. (Don Bosco)
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