El recorrido del Santo Padre a su paso por Cataluña buscó interpelar a creyentes y no creyentes a partir de un mensaje de esperanza. La llegada del papa León XIV a Barcelona, donde estuvo arropado por numerosas autoridades civiles y eclesiástica, encabezadas por el arzobispo de Barcelona, el cardenal Joan Josep Omella, se pudo vivir como un símbolo de comunión. Un evento que permitió destacar algunos de los aspectos que sitúan este espacio privilegiado en el mundo gracias a la visita a la Catedral de la Santa Cruz y Santa Eulalia, la vigilia con los jóvenes en el Estadio Olímpico, el paso por Montserrat, devoción arraiga a esta tierra, y la misa e inauguración de la Torre de Jesucristo en la Sagrada Familia, coincidiendo con el centenario de la muerte de Gaudí.
Los jóvenes del MJS al encuentro
Dentro de este amplio programa destacó el sentimiento juvenil congregado en el Estadio Olímpico Lluís Companys en una vigilia de oración a la que asistieron 40.000 personas. Allí se sumaron numerosos jóvenes del Movimiento Juvenil Salesiano que, desde primera hora del martes 9 de junio en Salesianos Rocafort, se unían para vivir este acontecimiento histórico con la voz de los jóvenes resonando con fuerza.
«Sentir que formamos parte de una Iglesia viva que, muchas veces, queda escondida por un entorno que no favorece el camino creyente, y por nuestros miedos e inseguridades. La imagen de los ‘castellers’ levantando una torre humana puede ser la mejor imagen que resuma lo vivido: cada uno, desde la diversidad de carismas y dones, aporta a la construcción de la Iglesia, guiados por el “cap de colla”, que para nosotros es el sucesor de Pedro», compartía Jordi Lleixà i Jané, delegado de Pastoral Juvenil de la Inspectoría Salesiana María Auxiliadora, sobre lo vivido por los más de cien jóvenes del MJS asistentes en la vigilia con el papa León.
Entre los testimonios se escuchó el sentir de un joven que, después de buscar respuestas, finalmente recibió en Pascua los sacramentos de iniciación cristiana y se cuestionaba cómo descubrir la verdadera vocación cuando la sociedad sólo invita a mirar al suelo o a nosotros mismos, el de una joven que explicó que sufrió una depresión y un intento de suicidio, o la dura historia de una joven que narró cómo su padre, cuando era pequeña, intentó matar a su madre.
Su Santidad insistía sobre la importancia de buscar espacios de silencio, leer el Evangelio, hablar con Dios y hacer camino interior junto a otras personas. El papa León hizo un llamamiento para pedir mayor concienciación sobre la salud mental. «Dios no nos abandona». Además de invitar a reflexionar sobre sobre cómo a veces el ser humano es prisionero del mal hasta llegar a ser violentos con los demás sin cultivar el amor y respetar a los demás en su dignidad y libertad, al igual que remarcar el acompañamiento de la tercera edad. “No permitamos que la soledad y el abandono se normalicen en la vida de los mayores».
Una mirada social
Otra de las características de la visita fue la calidez del encuentro, entre los que destacó la visita al Centro Penitenciario Brians 1, siendo la primera vez que un Papa visita una cárcel española, o en la iglesia de Sant Agustí, situada en pleno corazón del Raval, uno de los barrios más vulnerables de la ciudad con el encuentro entre entidades sociales, además de la bendición de la Caravana de la Bondad, un convoy humanitario con destino a Ucrania con más de una veintena de ambulancias y diferentes vehículos con ayuda humanitaria.
«Hemos vivido una Iglesia al servicio de los más desfavorecidos, siendo signo de esperanza ante tanto el sufrimiento de tantas personas. Y los Salesianos estando presentes con nuestro trabajo, en red con las demás entidades de Iglesia», añadía Jordi Lleixà, sobre el encuentro con diferentes realidades sociales donde acudió una representación de salesianos y educadores que acompañan los proyectos de educación social de la Congregación en Cataluña.
El encuentro, que culminó en la Sagrada Familia con la celebración de la misa solemne en su interior, contó con la bendición de la torre que convierte al templo en la iglesia más alta del mundo, coincidiendo también con el centenario de la muerte del arquitecto, Antoni Gaudí, fallecido el 10 de junio de 1926. A este acto histórico asistieron sus Majestades Felipe VI y Letizia, así como el presidente del Gobierno.
León XIV recordó que, en 2010, el papa Benedicto XVI consagró la Sagrada Familia. «Todos nosotros somos las piedras vivas de esta obra, que tiene a Cristo como fundamento y culmen, principio y fin. Mucho más que un monumento, la Basílica de la Sagrada Familia sigue siendo hoy una obra en construcción, que nos recuerda cómo la vida cristiana es siempre un camino».











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